Hace unos días, justo antes de iniciar una sesión, mi consultante me detuvo:
—Perdona, Karo, pero no me puedo concentrar… solo puedo ver tu anillo. ¿Me dejas verlo?
Llevaba en mi mano derecha un anillo grande y llamativo. No es una joya cara, pero sí especial para mí. Está hecho de madera, con incrustaciones de concha de abulón. Es más una artesanía que un lujo, pero tiene algo que te atrapa.
Me lo quité y se lo pasé.
Ella lo sostuvo con cuidado, lo miró por todos lados, lo giró entre sus dedos... le brillaban los ojos. Lo tocaba como quien acaricia un recuerdo. Finalmente, se lo puso y estiró la mano para observarlo a lo lejos.
—Me encanta— me dijo con una sonrisa.
Unos segundos después quiso quitárselo… pero no pudo.
Empezó a jalarlo con fuerza, una, otra y otra vez. Y entre la pena y la frustración, solo lograba que su dedo se enrojeciera, y que el anillo pareciera aún más apretado.
Yo observaba con calma.
Entonces, sostuve su mano con suavidad. Coloqué mi pulgar sobre la parte superior del anillo, el anular debajo del dedo, y con una presión sutil y controlada, simplemente lo deslicé hacia mí.
El anillo salió a la primera. Sin forcejeo. Sin drama.
Ella me miró entre asombrada e incrédula.
Volvió a colocarse el anillo… y lo intentó de nuevo. Nada.
Repetí el mismo gesto, y volvió a salir con facilidad.
—¿Quién te enseñó a hacer eso? —me preguntó.
No supe qué responder. Nadie me lo había enseñado. Nunca lo había pensado siquiera. Solo había aprendido a hacerlo distinto.
Y fue justo ahí, en ese momento tan aparentemente banal, donde surgió la verdadera sesión.
¿Cuántas veces en la vida insistimos en sacar el anillo jalándolo con fuerza?
Insistimos, desesperados, y repetimos el mismo intento ahora con más ímpetu, creyendo que ahora sí va a salir…
Y no sale.
No porque falte fuerza.
Sino porque falta sutileza.
Porque falta presencia.
No se trata solo del hacer.
Se trata del ser.
Cuando actuamos desde la frustración, desde la ansiedad o la urgencia, el resultado suele ser más de lo mismo: desgaste, dolor... bloqueo.
Pero cuando entramos en pausa, cuando cambiamos la postura interna, cuando somos desde la serenidad, la claridad y la confianza… entonces algo cambia también por fuera.
Y no hablo solo de anillos.
Hablo de relaciones, de decisiones, de patrones o de caminos que parecen atorados, y es hasta que cambiamos la energía desde la que actuamos, que verdaderamente empezamos a ver resultados distintos.
Así que, si hoy algo en tu vida se siente atorado, no te desesperes.
No te lastimes más jalando más fuerte. Tal vez solo se trata de aprender a hacer distinto, a mirar distinto... a ser distinto.
Yo soy Karolina Kasas, y deseo que encuentres en tu camino nuevas formas de ser, de vivir y de soltar…
Porque a veces, lo que más cuesta no es el anillo… es la manera en que intentamos sacarlo.