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Hacer distinto

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Crónica de una dignidad a punto de caer

La pauta de oro: no soltarte cuando pesa

La vida, a veces, pasa como si quisiéramos ganarle al tiempo.

La exigencia externa está a la orden del día.

Empieza el año, termina el primer mes y aparecen las preguntas automáticas:

¿Ya cumpliste tus propósitos?
¿Cuántos libros llevas leídos?
¿Qué has logrado?
¿Vas “bien” o vas “atrasado”?

Y aunque revisar el camino puede ser útil, creo que también es profundamente necesario detenernos, darnos espacio y comprender nuestro propio ritmo.

Desde ahí quiero contarte algo.

Todas las mañanas entreno con un grupo entusiasta y alegre a las siete de la mañana. El grupo de las seis —para que quede claro— es el de los jóvenes y fuertes. El de las siete es otro cantar. Somos, en su mayoría, adultos, y siempre aparece la broma inevitable: con voz pícara, uno de mis compañeros dice que somos “la hora geriátrica”. Nos reímos, claro.

Aunque no soy la de mayor edad del grupo, sí soy —sin duda— la más débil.

Los veo cargar peso con fuerza, con energía, logrando cosas que yo ni siquiera me atrevo a intentar. Y aunque entrenar con ellos me motiva y me impulsa, confieso que a veces la autoexigencia intenta apoderarse de mí. Aparece la comparación. Llega la desesperación. El famoso “yo debería”.

Pero justo ahí me he cachado a tiempo.

Y eso me ha ayudado a recordar un concepto que aprendí en la Semiología de la Vida Cotidiana, y que hoy quiero compartir contigo: La pauta de oro: lo mejor dentro de lo posible.

Déjame contarte cómo se volvió tan clara para mí.

Hay un ejercicio llamado pull ups. Te cuelgas de una barra alta, el cuerpo queda suspendido, y con la fuerza de brazos, hombros, abdomen y agarre, te impulsas hasta que tu cabeza sobrepasa la barra. Luego bajas. Eso cuenta como un movimiento.

Pues bien… ese bendito ejercicio nunca me ha salido.

No sé si es porque peso un chingo, porque me falta fuerza, o porque ambas cosas son verdad. El punto es que cada vez que aparece en la rutina, sé que viene el desafío. Y lo intento. Una y otra vez. Con entusiasmo. Porque, de alguna forma, sé que algún día lo lograré.

Pero el principio de realidad es claro: hoy no puedo.

Así que hice algo distinto. Compré unas ligas que se amarran a la barra y ayudan a subir, porque la resistencia acompaña el movimiento. Y por un momento pensé: “Listo, ahora sí. Esto ya se resolvió. Yeiii.”

Spoiler: no.

No era felicidad zen.

Era drama, sudor, jadeo y dignidad sostenida con ligas.

Ahí estaba yo, colgada de la barra, pujando, sudando como si estuviera en una escena de película dramática, respirando como Darth Vader, soltando la gota gorda… y aun así, sin poder hacerlas al hilo.

Subía una.
Paraba.
Volvía a respirar.
Subía otra.
Miraba al vacío.
Negociaba con la vida.
Subía una vez más.
Me decía algo entre “sí puedo” y “¿qué estoy haciendo aquí?”.
Nada fluido.
Nada elegante.
Nada digno de presumirse en Instagram.

Pero una por una, con pausas forzosas, mucha terquedad y un poquito de orgullo (ok, bastante), logré completar la serie. Y aunque mi cara decía “auxilio”, mi cuerpo entendió algo importante: aunque me cueste un chingo, aunque no sea bonito ni perfecto, aunque no sea fácil… es real, es honesto y,
aunque tenga que parar mil veces, lo estoy haciendo.

Y eso —tal como es— es la pauta de oro: lo mejor dentro de lo posible.

Entonces pensé en cuántas veces en la vida hacemos exactamente lo mismo, pero sin reconocérnoslo. No solo en el ejercicio.

Nos comparamos.

Que si la vecina ya se casó.
Que si la compañera de trabajo ya tuvo un aumento.
Que si alguien más ya tuvo un bebé, una pareja, un esposo.

Como si hubiera que ganarle a la vida. Como si la meta nos impidiera disfrutar el proceso y creyéramos que así vamos a llegar más rápido.


Pero la pauta de oro propone otra cosa: hacer lo mejor dentro de lo posible, aquí y ahora, con lo que hay.

Desde ahí se avanza.

Desde ahí se construye.

Desde ahí se vive con más paz y con más amabilidad hacia uno mismo y hacia los demás.

Yo soy Karolina Kasas, y deseo de todo corazón que esta pauta de oro te acompañe en lo cotidiano: al entrenar, al trabajar, al preparar un guisado, incluso al dormir, sin exigirte cumplir ideales, sino honrando lo posible en este momento de tu vida.
Porque hoy entiendo una verdad:

La pauta de oro no es brillar.
Es no soltarte cuando más pesa.

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Viernes 17 Enero 2025
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