Un día ya no estarás

Mensaje de amor desde el cielo

De regreso a casa

Vive ahora el último mañana

Todavía es hoy

El ahijado de la muerte (parte 1)

El ahijado de la muerte (parte 2)

Narrador 2

Algunos años pasaron desde aquel desventurado y extraño acontecimiento, y como plumas al viento, la noticia fue regándose por todos los lugares…

Narrador 1

Así es. No hubo funerales para la pobre Matilde. Ni acaso una flor humilde pa’ conmemorar su vida. No parecía estar muerta, más bien parecía perdida.
Era como si Jacinto ignorara su deceso, y esperara un regreso que nadie más se creía. Pero no era cobardía, como aquella que te obliga a aferrarte a tu pasado.

Narrador 2

Era algo más sagrado: más bien la rememoranza de una fe que no se cansa, hasta ver cumplido un sueño.

Narrador 1

Bastaba ver al pequeño que había burlado a la muerte, ése que tuvo más suerte que sus seis antecesores…

Narrador 2

… aunque decían los doctores que no fue suerte…

Narrador 1

… que el niño no debería estar vivo, que cuando mucho le daban dos meses, no más, de vida.

Narrador 2

Mas, ¡qué cosas tan medidas tiene el destino y su empeño! Este niño se hizo dueño y conductor de su vida.

Narrador 1

Ya lo verán enseguida.

Ahijado

(Asustado) ¡‘Apá, ‘apá!

Jacinto

(Alarmado) ¿Qué trai, m’hijo?

Ahijado

‘Apá, que “El prieto” se muere…

Jacinto

¿Cómo qu…? O’ntá el canijo.

Ahijado

¡Venga!

Narrador 1

Y como si hubieren visto al mismísimo demonio, corrieron hasta donde Antonio, caporal nuevo en la hacienda, sujetando de las riendas al caballo, desplomado sobre su costado, contemplaba la agonía del animal, que tenía dos patas rotas y gotas grandes de sangre le brotaban del hocico. Jacinto le dijo al chico:

Jacinto

Anda, espérame en la casa.

Narrador 2

Pero el niño no hizo caso de sus palabras y, en cambio, se quedó quieto mirando más allá de donde estaban su padre y el caporal.

Jacinto

¡Te estoy hablando, Julián! Corre, espérame con Juana.

Narrador 2

Pero el niño mantenía fija la vista en la anciana que oculta entre los maizales, le sonreía.

Jacinto

¡Qué ganas tienes tú de fastidiarme!

Narrador 2

Dijo Jacinto al chiquillo.

Narrador 1

Éste, por fin, advertido, se alejó sin mucha prisa, mientras que aquella sonrisa le acarició los sentidos.

Narrador 2

Ésta era la primera ocasión que la miraba, pero extrañamente nada en su semblante raído resultó desconocido para el chamaco Julián.
Más que algún descubrimiento que tenía en su corta vida, ese rostro que veía se parecía a un recuerdo. “Ven, acércate, no muerdo”, parecía ser el ruego de aquel rostro, pero luego, perdía la amabilidad. Y, sin embargo, Julián no pasaba de asombrarse, más no de atemorizarse, aunque nunca se acercó.

Narrador 1

De vuelta a casa tardó mucho más tiempo en llegar, pues detenía su andar constantemente y sus pasos volvían una y mil veces por la senda caminada, buscando con la mirada algo…

Narrador 2

… sabe Dios qué cosa…

Narrador 1

No digas que no lo sabes…

Narrador 2

Sí, lo sé, no seas tramposa, déjame, pues, que lo acabe… Es que él no lo sabía… más bien, casi presentía, pero no estaba seguro… su mirada, entre lo oscuro de los árboles vagaba de un lado al otro, y buscaba… simplemente la buscaba… porque sentía una presencia, un animal, una sombra, cualquier cosa que, pensaba, cual si fuera su conciencia, hacía tiempo lo acosaba.

Narrador 1

Una vez que hubo entrado en su jacal, esa anciana, que no lo perdió de vista, con voz digna de una artista, canturreó:  no te me vayas… no te alejes… que hace tiempo que estoy siguiendo tus pasos… ven, que te daré un abrazo para que nunca me dejes.

Narrador 2

Julián no puedo escucharla, por supuesto, sin embargo, sintió como un trago amargo que le estrujó el corazón.

Narrador 1

Juana dijo “¿qué horas son?”. Pero nadie contestó. Julián estaba sumido en sus propios pensamientos…

Narrador 2

… y el tiempo corría muy lento…

Narrador 1

… violento, con desazón…

Narrador 2

Pasaron dos o tres horas en la espera desgastante de Juana, en cuyo semblante (como si algo presintiera o… como si algo temiera) había una extraña mirada… una mirada distante, que se perdía a lo lejos, a través de la ventana.

Jacinto

¡Julián! ¿‘Ónde estás, muchacho?

Narrador 1

Gritó Jacinto al llegar, mientras la puerta azotaba todo su peso en el muro. (Silencio prolongado). Silencio. Con tono duro, volvió a llamarlo.

Jacinto

¡Julián!

Narrador 1

El muchacho, intimidado, se había escondido tras de Nora, la nueva nana que ahora se hacía cargo, con Juana, de la casa, pues la hermana de Matilde años atrás…

Narrador 2

¿Cuántos años?

Narrador 1

¿Qué más da? Sean tres o sean cuatro… El caso es que había estado mucho tiempo en cama, y poco le faltó pa’ que…

Narrador 2

¿Poco? Pues, ¿qué pasó?

Narrador 1

¿No te acuerdas?

Narrador 2

No.

Narrador 1

Pues, mira: unos cuatro o cinco años luego de que al fin naciera el primogénito ansiado de Matilde, la niñera… eh… Juana, quiero decir, que cuidaba a aquel chamaco y lo seguía a donde fuera, sufrió un terrible accidente caminando con el niño… (en secreto) y, según dice la gente, él se salvó así, apenitas… en cambio, la pobrecita… ¡ah, qué cosa tan terrible! Cuando un hecho inadmisible por las leyes naturales de la vida hizo que un árbol le cayera en mero encima; Dios quiso salvar su vida, que casi pierde por nada… Ella… se quedó lisiada, y Don Félix les llevó a Nora…

Jacinto

(Impaciente) ¡Julián! ¡Ven aquí ahora!

Narrador 2

Jacinto seguía gritando. El niño, aún temblando, se le acercó cauteloso. Jacinto dijo:

Jacinto

(Incrédulo) Mocoso…

Narrador 2

Mientras se ponía a su altura y sujetaba sus hombros… continuó:

Jacinto

Por Dios, criatura… ¿qué pasó allá, en la cañada?

Narrador 2

Julián no le dijo nada, antes, se le echó en los brazos y, llorando en el regazo de su padre, cuando al fin pudo parar sus sollozos, entre calmo y presuroso musitó:

Julián

¿Se murió “El prieto”?

Narrador 2

Jacinto tomó el amuleto que colgaba de su cuello, y en su nuca sintió el vello erizándose.

Narrador 1

El dije que Julián llevaba era el mismo que sujetaba Matilde en su mano diestra la noche fría y siniestra en que Julián vio la vida.

Narrador 2

Sí, esa prenda escondida que nadie jamás había visto, sino que en lugar del Cristo de cabecera del cuarto de Matilde apareció, en el puño de la mano rígida, sin movimiento…

Jacinto

(Suplicante) Julián, dime qué pasó.

Narrador 2

Y el niño, por fin, titubeante, soltándose de los brazos de su padre comenzó:

Julián

Hace rato… fui a montar tempranito a la cañada, me llevé al prieto y… atada en la silla puse una vara… ¡pero iba bien amarrada…!

Jacinto

Shhh… tranquilo. Cuéntame qué más.

Julián

La llevaba pa’ jugar… con piedras… para pegarles… ¡Pero la amarré muy bien!

Jacinto

Tranquilo… tú nomás dime qué pasó. No estoy molesto.

Julián

El prieto iba bien puesto, galopando a todo dar… luego (titubeante)… lo quise rayar…

Jacinto

(Incrédulo) ¿Rayarlo? Pero, chamaco…

Julián

(Compungido) Lo sé… perdóname, ‘apá… (Pausa prolongada. Murmullos de Nora). Cuando le jalé la rienda sentí cómo se soltaba la vara y quise pescarla, (sollozos) pero ya no la alcancé… Se le atoró entre las patas y… (comienza a llorar).

Nora

Pero, ¿tú estás bien, criatura?

Narrador 2

Preguntó Nora, angustiada.

Julián

Sí.

Nora

(Suspiro de alivio) Ya déjelo, Jacinto… Lo bueno es que, en este circo, a él no le ha pasado nada.

Jacinto

Ande, váyase a jugar.

Julián

Sí, ‘apá…

Nora

Oiga, Jacinto… si me per…

Jacinto

(Interrumpiendo con firmeza) ¡No le permito! (Irónico y para sí mismo) Que no le ha pasado nada… que al volver de la cañada… completito está el mocoso…

Nora

(Incrédula) ¿Qué dice? ¡No sea intrigoso! ¿Qué no ve que es un milagro que Julián…?

Jacinto

(Interrumpiendo) Sí, es un milagro… (Suspiro profundo) y lo tengo en alta estima… Sea de Dios o del demonio…
¿Sabe lo que dijo Antonio?
Que “El prieto” le cayó encima.


¡Feliz día de muertos!


  • Visto: 147

Artículos populares

Jueves 13 Febrero 2025
...