Personajes
Narrador 1 | Hombre viejo, pueblerino. |
Narrador 2 | Hombre viejo, pueblerino. |
Jacinto | Caporal de Don Félix. Esposo de Matilde. 36 años. |
Doctor | Médico del pueblo, 62 años. |
Don Félix | Hacendado patrón de Jacinto. 50 años. |
Juana | Hermana de Matilde. 22 años. |
Matilde | Madre del ahijado de la muerte. 29 años. |
Muerte | Madrina del ahijado de la muerte. No tiene edad. Voz serena. |
Ahijado | Hijo de la madre y ahijado de la madrina del ahijado de la muerte. Joven ranchero de 0 a 27 años. |
Narrador 1 | Les contaremos la extraña historia de lo que por estos lugares se cuenta. |
Narrador 2 | Desde que mi abuelo tenía memoria, habla la gente de una señora a la que habían dado por muerta. |
Narrador 1 | Eran… las diez con cuarenta de una noche tormentosa, y se cuenta que la esposa de un caporal de la hacienda de Don Félix… |
Narrador 2 | ¿Recuerdas cómo que se llama? |
Narrador 1 | Mmmm… no… bueno… cuando se hallaba en su cama, a punto de dar a luz… |
Narrador 2 | Por séptima vez, por cierto… |
Narrador 1 | … al primogénito… |
Narrador 2 | … sí, es cierto; es así, porque los seis anteriores… habían nacido muertos. |
Narrador 1 | Bueno, pero les contaba que allí, en su lecho tendida, a punto de traer vida a este mundo, frente a frente, se topó ella con la muerte… que va, sin que se lo pidan. |
Jacinto | -¿Qué es lo que pasa? -angustiado, decía Jacinto, el marido, al doctor. |
Doctor | -Sólo le pido sea paciente… |
Jacinto | -¡No me pida que me calme! ¿Por qué miente? ¿Por qué no está allá, adentro? ¿Es, acaso, que al encuentro de m’hijo vino otra vez la muerte? |
Narrador 2 | Don Félix, que atento estaba a lo que pasaba, dijo: |
Don Félix | -Cálmese, amigo, su hijo va a estar bien. Este doctor, de este rumbo es el mejor; éste es un hombre prodigio. Escúchelo. |
Doctor | -Mire, Jacinto –dijo el médico al esposo-, ella me pidió reposo. Creo que todavía no es la hora. Me pidió esperar afuera, quería estar sola un rato; en un momento más trato de entrar a verla... |
Narrador 1 | Jacinto, no muy conforme, fue a sentarse junto a Juana, que de Matilde era hermana… |
Narrador 2 | ¡Ah! y Matilde era la esposa de Jacinto... |
Narrador 1 | ¡Vaya cosa...! Creo me estoy enredando. El caso es que, al tiempo andando, no amainaba la tormenta, y Matilde, tras la puerta, no daba señas de vida. |
Jacinto | -Juana, tráete la comida, que ya hace hambre y… (suspiro) va pa’ largo. |
Juana | -Sí, Jacinto, yo me encargo. |
Jacinto | (En secreto) -Oiga, doctor… a lo macho, dígame: ¿hay esperanzas? |
Doctor | -Amigo, calme sus ansias; aún no nace su muchacho. Aún no ha llegado el momento, tal como lo aseguraba. |
Narrador 2 | Pero nadie imaginaba lo que sucedía dentro. |
Matilde | -¿Ansina que… otra vez vienes? ¿No has tenido suficiente? ¿Te crees que el alma no siente? ¿O contra mí tú qué tienes? |
Narrador 1 | Pero, impávida, la parca tan sólo la contemplaba sin que ni media palabra de sus descarnados labios saliera. |
Matilde | -¡Dime qué diablos quieres! |
Narrador 1 | Y ella, con su mano, señaló el voluminoso vientre. Y afuera el esposo, como si algo presintiera, de pronto, como una fiera, se levantó y al doctor sujetolo. |
Jacinto | -Por amor de Dios, haga algo. Aquí afuera no nos sirve –y luego dijo-: no quiero perder otro hijo; no quiero que éste se muera. |
Narrador 2 | Dentro, la dura mirada de la muerte caprichosa se mantenía en la esposa que la miraba indignada. |
Matilde | -¿Pa’ qué queres otro niño? Déjame quedar con este pedacito de mi vida… ¿Que no entiendes de cariño? |
Narrador | Y la muerte, por respuesta, tan sólo movió la testa de un lado al otro, y no dijo, ni media palabra. |
Matilde | -Mi hijo… quiero conservar a mi hijo. Ya seis veces has venido. ¡Seis! Y en cada una de ellas, te has llevado, sin querellas de mi parte, a mis hijitos. ¡Te maldigo –dijo a gritos- si te llevas uno más! Te maldigo si no das a mí una buena respuesta, que te tengo esta propuesta: llévame a mí en su lugar. |
Narrador 1 | La muerte, sin inmutarse un ápice, y en su sitio, por fin separó esos labios con los que da el negro beso, y dijo, con tono sabio: |
Muerte | -¿Y yo qué gano con eso? |
Matilde | -¿Y tú qué pierdes? –repuso enfurecida Matilde-. De ignorante no me tildes, yo sé que puedes llevarte a quen queras. |
Narrador 2 | Y allá, afuera, el alboroto crecía. |
Juana | -Jacinto, cálmate, mira, el doctor, ¿qué puede hacer? |
Don Félix | -Tiene razón la mujer; tranquilícese y espere. |
Jacinto | -Pero, ¿y si m’hijo se muere? |
Juana | -Primero habrá de nacer, y ya oíste: aún le falta. Mira, siéntate y aguanta. |
Don Félix | -Venga, vamos a comer. |
Narrador | Dentro, con ojos de fuego, Matilde veía a la muerte. |
Matilde | -Ya después de tanto verte, no me asusta tu presencia, ni confío en mi inocencia. ¡Lévame a donde tú quieras! ¡Contéstame, pues! ¿Qué esperas? Llévame a mí, y deja a mi hijo. |
Narrador 1 | Y sujetó un crucifijo. |
Matilde | -Mira, Dios, nuestro Señor, ha de juzgar mis pecados. Llévame a mí, y hazte a un lado. |
Muerte | -Tengo una idea mejor. |
Narrador 1 | Como si fuera posible todavía, la tormenta tornábase más violenta conforme pasaba el tiempo, y justo en ese momento, un relámpago en el cielo iluminó la negrura de la noche; luego, a oscuras quedó la casa, y un trueno retumbó en el infinito… pero más fuerte fue el grito. |
Ahijado | (Llanto de bebé) |
Jacinto | -¡¿Escucharon?! |
Narrador | Y el galeno se apresuró a abrir la puerta, y allí, en la cama tendido, vieron al recién nacido. |
Juana | -¡Matilde! –no hubo respuesta. |
Narrador 2 | Jacinto sujetó en brazos al primogénito ansiado, luego, miró consternado el cuerpo de su mujer. Su llanto se unió al del niño, pero no así al de la muerta, cuya sonrisa, así, yerta, parecía ser un guiño. |
Muerte | Díganle a aquél que lo dude… que sí entiendo de cariño. |
¡Feliz día de muertos!