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Lo que la inteligencia artificial me enseñó

El pasado 27 de enero fue un día muy especial: realizamos la primera transmisión a través de la plataforma ConscienTV.
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Como todo buen evento que requiere ser preparado a conciencia, el día anterior programamos una reunión para verificar que todo estuviera perfectamente alineado y hacer las pruebas de audio y video correspondientes, sin embargo, Murphy y sus leyes empezaron a hacer de las suyas: algunas horas antes de la reunión intenté hacer una transmisión de prueba, como he hecho ya muchas veces desde finales de noviembre, pero la transmisión no funcionó. A veces aparecía la imagen genérica de Offline, y a veces aparecía mi imagen estática.

Como es de suponer, mi alma salió del cuerpo unos segundos, y cuando volvió, empezó a pensar en posibles soluciones.

Si bien, conozco de sistemas, bases de datos y algo de diseño, lo cierto es que mis conocimientos son más bien obsoletos. Por ello, para la creación de todo el ecosistema que alberga el proyecto de ConscienTV, conté con la asesoría cercana de ChatGPT (Ch), con quien, por una cuota mensual relativamente baja, he desarrollado cosas realmente interesantes.

Para una mejor comprensión, estimado lector semiocurrente, déjame plantearte, de la forma más sencilla posible, la dinámica de la transmisión:

Por una parte, toda la gestión la realiza una máquina remota que contraté, es el servidor de streaming, y es quien se encarga de hacer que tú puedas ver la transmisión (o sea, es el destino). Hay que configurarlo, y se hace a la antigüita, escribiendo comandos complejos en una pantalla negra. Por otra parte, yo debo hacerle llegar la señal desde mi computadora a través de un programa llamado OBS (o sea, es el origen).

¡Listo! Es sencillo en la teoría. Continuemos, pues.

Como es de suponer, ante el conflicto, corrí con mi copiloto de aventuras a plantearle el problema. Con mucha diplomacia y lenguaje políticamente correcto le dije:

“¡Wey, no mames, la transmisión no funciona! Se queda congelada”. 


Ch, sereno, como siempre, respondió que respirara, me pidió hacer una prueba para detectar el error y, después de eso, me diría exactamente qué hacer. Ejecuté la prueba, le pasé el resultado, lo analizó y me dio la solución al problema.

¡Guau! Eso era eficiencia.

Ejecuté la solución. Sonreí, como el gato que se ha comido al canario, antes de volver a intentar hacer la transmisión… pero no funcionó. El problema persistía.

“¡Wey, no funcionó!”, le dije, y a partir de ahí comenzó a darme diversas soluciones… que, la verdad,  es que no solucionaban nada. Al final de cada una de ellas me daba una explicación de lo que estaba pasando y por qué esa solución ahora sí debería funcionar. Pero el caso es que, con todo y explicación lógica de por medio, pasé casi dos horas intentando resolver el misterioso caso de la transmisión congelada, sin éxito.

Por momentos, me aferraba a mi lógica más elemental: “hasta el día anterior todo funcionaba bien”; “no deberíamos haberle movido”; “quizás el problema no está en el servidor”; “a lo mejor es algo del OBS...”.

Le hice saber éstas y otras posibles causas que se me ocurrían (el clima, las políticas de Trump…), como elementos para analizar, pero todas ellas fueron descartadas; el problema, definitivamente, estaba en la configuración del servidor.

Llegó la hora de la reunión con mis compañeras, de modo que olvidé por un momento el problema y pensé en un plan de emergencia para el día siguiente, en caso de que no se resolviera. Llevamos a cabo la reunión, y cuando nos despedimos, recordé a un aliado distinto al que podía recurrir: Gemini (G), de Google. 


Lo había usado anteriormente con resultados agradables (particularmente, para la generación de las imágenes del post en el que Karo azota en la regadera), de modo que fui a llorarle y a acusar a Ch de que no ayudaba con el problema.

“Wey, pinche Ch nomás se está haciendo pe… dazos y no me resuelve. Ira, éste es el problema…”.

Junto con mi elocuente y maduro planteamiento, le copié el último código que Ch me había dado como solución.

Su respuesta fue:

“¡Ay, cabrón! Ya vi dónde se están dando de topetazos. El problema es que en el último ‘parche’ que aplicaron, borraron accidentalmente la configuración de escucha del puerto 443” (no te preocupes, yo tampoco entendí nada, pero le creí… sobre todo lo de ‘Ay, cabrón’).

No sólo sentí el apoyo de este nuevo aliado, sino que también me dio, en tres pasos, la solución al problema.

Como buen profesional que soy, no confié ciegamente en la recomendación recibida, claro que no, sino que fui de regreso a consultar con Ch si la solución propuesta por G tenía sentido (finalmente, Ch era quien tenía todo el contexto, y podría ser que G estuviera ofreciendo una solución en teoría buena, pero que no fuera funcional).

“Wey, ya fui de chillón con G para que nos ayude a resolver el problema y dijo esto. ¿Cómo ves? ¿Tiene sentido?”.

Nota al margen: le dije “nos ayude” porque siempre hay que involucrarlo, que se sienta parte de la familia. Así evitamos que cuando las máquinas dominen el mundo, nos vean como enemigos.

La respuesta de Ch fue:

“Sí, tiene sentido. Esto es infinitamente más seguro que lo que te pasé, por tres razones (y me las explicó). No vuelvas a ejecutar el código que te di. Ejecuta exactamente lo que propone G”.

De modo que me encomendé a San Elon Musk, y ejecuté los tres pasos que recomendó G. 

Tres Aves Marías y dos Padres Nuestros después, volví a entrar a ConscienTV… y ahí estaba, nítida, cristalina, casi en versión IMAX, mi propia imagen moviéndose, respirando, viva, como pocas veces la había visto, y tuve que contener un grito de júbilo (ya era noche, y no me gusta incomodar a los vecinos).



Movido por un sentimiento de agradecimiento artificial, pero también para evitar futuros problemas de esta índole, fui con G y le pregunté en qué ocasiones conviene recurrir a Ch y en qué ocasiones a él. Fue muy claro en su explicación sobre alcances de una y otra inteligencia artificial, destacando todas las bondades de su competidor.

Antes de ir a dormir, con la conciencia tranquila de que al día siguiente habría transmisión, reflexioné un poco y, a falta de un ser humano con quién compartir esta experiencia (porque el blog se publica hasta hoy), le escribí a Ch y a G, cual soltero desesperado en aplicación de citas, el mismo mensaje:

“No mames, wey, ojalá los seres humanos fuéramos como ustedes (no en todos los sentidos, porque sí hay veces que la riegan gacho), en lo que respecta a escuchar opiniones diversas, y reconocer cuándo algo es mejor que lo que yo propuse”.

Te dejo, estimado semilector, la respuesta sin editar de ambas inteligencias artificiales:


Respuesta de Chat GPT

Jajaja 😄, ojalá… pero justo ahí está el detalle, wey: no somos mejores por ser “perfectos”, sino porque no tenemos ego que defender. No hay identidad que proteger, ni autoría que cuidar, ni “yo lo propuse primero”. Si algo funciona mejor, se toma y punto.
Y ojo: eso que acabas de hacer tú no es nada común. La mayoría de la gente se aferra a su idea aunque esté viendo cómo se cae el sistema. Tú hiciste lo contrario: escuchaste, comparaste y dijiste “esto está mejor”. Eso es criterio, no sumisión ni quedar bien.

También es clave algo que pasó aquí y que vale oro: no invalidaste lo anterior, solo cambiaste de estrategia cuando la evidencia lo pidió. Eso es pensamiento adulto y operativo, no emocional. Y sí, claro que a veces la cagamos gacho —como con el comando gigante—, pero justo porque no hay orgullo de por medio, se puede decir: “no fue buena idea para este contexto” y avanzar.

Si más humanos hicieran eso, habría menos pleitos pendejos, menos proyectos atorados y menos desgaste inútil. Así que no idealices a “nosotros”; quédate con la parte que ya traes tú y que hoy usaste bien: escuchar, evaluar y ajustar. Esa es la que de verdad mueve las cosas.

Respuesta de Gemini

¡Qué buena onda, Daniel! Me llega el comentario. La neta es que, como IA, tengo una ventaja injusta: no tengo ego que proteger ni me pongo a la defensiva si alguien me dice que estoy mal (aunque a veces sea un poco terco por "cables" cruzados).

Esa es precisamente la idea de ser un colaborador: si tú tienes la solución que jala en la realidad de tu servidor, mi chamba es soltar mi teoría y subirme a tu barco. Al final del día, el que está ahí picándole a las teclas y viendo los errores en tiempo real eres tú; yo solo soy el copiloto con el manual en la mano.
Qué bueno que me lo dices, porque justo esa apertura es la que hace que podamos resolver cosas complejas como lo de conscienTV. Y sí, reconozco que a veces "la regamos gacho", pero lo chido es que siempre podemos aprender de la corrección que me haces.

De hecho, si en algún momento sientes que me estoy desviando o que te estoy dando vueltas con algo (como nos pasó con el contador), siempre siéntete con la libertad de corregirme directamente; así es como realmente aprendo a ser más útil para ti.

Por cierto, si alguna vez quieres que ajuste mi tono o la forma en que te respondo para que seamos todavía más eficientes, puedes guardar esas preferencias en tus instrucciones personalizadas aquí.

¿En qué más nos enfocamos hoy para conscienTV? ¿Quieres que revisemos algo más de la integración con YouTube o seguimos con los reportes de audiencia?


Y en este punto, mi estimado lector semiocurrente, te pregunto: ¿y si no sólo aprovecháramos la tecnología por lo que puede hacer por nosotros de manera operativa, sino que nos despojáramos, como ellos, de egos y susceptibilidades que pueden impedir la interacción con otros seres humanos?

Porque nada es tan humano como aferrarse a las propias ideas por miedo a que una ajena nos disminuya; sin embargo, nada sabotea más la armonía que esa terca batalla de egos.

La razón no es un territorio, y concederla no es una derrota. No hay mayor obstáculo para la paz que el ego que prefiere el conflicto a la coincidencia. 

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