Uno de los días feriados favoritos de los mexicanos es el 1° de mayo, y no precisamente porque amemos trabajar, sino todo lo contrario: es un día de descanso obligatorio.
Los días de descanso son como el chocolate que nos comemos después de la larga dieta.
Es paradójico celebrar el día dejando de trabajar.
Claro, hay quienes, por la naturaleza de su labor, no pueden detenerse ese día. Seguro esperan con paciencia algún otro día en el que sí puedan descansar.
Estos días de descanso son muy anhelados desde que inicia el año.
Pero, más que hablarte sobre los días feriados, quiero aprovechar para invitarte a reflexionar sobre algo que espero te sirva hoy: hablemos del significado del trabajo en tu vida.
Por muchos años, el trabajo ha sido considerado como la friega que hay que ponerse para poder mantenerse. Rara vez ocupa un lugar deseado en la vida de las personas. Representa un gran esfuerzo, el desgaste de cada día, la rutina que aburre desde el lunes – ese que nadie quiere-, una carga que se repite al menos cinco días de los siete que tenemos disponibles en la semana.
Se ha convertido, en muchos casos, en el precio que hay que pagar por sobrevivir.
Quizá si pudiéramos evitarlo, lo haríamos sin preguntar. Pero la realidad es otra: el trabajo no es opcional cuando es el medio de sustento.
Más del 80% de un solo día puede girar alrededor de él. Si eso lo multiplicamos por años, el resultado es contundente: la vida se va trabajando, y que decir de la energía que se invierte cuando, además, ese trabajo no es deseado.
El problema no es el trabajo en sí, sino lo que representa en nuestras vidas.
Cuando deja de agradar y se convierte en sinónimo de desgaste, frustración o vacío, se transforma inmediatamente en una carga emocional descomunal.
Regreso entonces al punto principal:
¿Qué significa tu trabajo para ti?
Porque te invitaré, en este artículo, a ver el trabajo como al dálmata de la historia. Sí, como a un dálmata.
Porque, así como un perro dálmata tiene, regularmente, tonos negros y blancos en su pelaje, el trabajo también tiene sus partes negras y blancas, que representan su lado negativo y positivo.
Lo negativo suele ser lo más evidente: la distancia, la complejidad, el ambiente, el ogro llamado jefe, el sueldo y mil cosas más que seguro ya conoces.
Pero también tiene su lado positivo, aunque solo sea el hecho de que te da para comer.
El problema surge cuando lo negativo es mucho más que lo positivo.
Suena desalentador pensar que lo único bueno de trabajar sea la obtención de un dinero que da para vivir, o sobre todo, para malvivir, porque cobra de a poco el bienestar personal; un bienestar que queda en segundo término, pues lo importante hoy ha sido hacer lo que sea con tal de llevar comida a la mesa.
Y es ahí donde el trabajo pesa más de lo que deja.
¿Por qué pesa trabajar?
Pesa, querido lector, no por su salario -que es lo más común-, sino por algo más profundo: casi nunca es el medio de realización personal.
No siempre elegimos desde la vocación. A veces elegimos desde el miedo, la costumbre, la seguridad, la lealtad familiar o la comodidad.
Si es tu caso, considera la palabra clave: elegir.
Tienes la capacidad de elegir, en medio de las dificultades, aquello que puede equilibrar al dálmata.
En ti esta hacer las paces con el trabajo que realizas y convertirlo en tu puente de felicidad.
Te dejo un par de ideas para lograrlo:
- Reconecta con lo que sí te aporta tu trabajo actual. A veces, en medio del desgaste, olvidamos por qué dijimos “sí” en un inicio. Algo bueno debe de tener.
- Ve al trabajo como un medio y no como un fin. Un medio para conectar con tus talentos y descubrir de qué estás hecho.
- Haz que el trabajo sea parte de tu vida y no tu vida entera. En la vida hay más que trabajar: hay familia, amigos y actividades que puedes hacer en pequeños ratos libres.
- Revisa tu actitud frente a lo que no puedes cambiar. Acepta que el único control que tienes es sobre lo que piensas, sientes y valoras con respecto al trabajo. Lo demás son circunstancias laborales.
- Reconoce que todo trabajo tiene sus dificultades. El simple hecho de aceptar que ningún trabajo es fácil reducirá tu nivel de queja o insatisfacción.
- Aprende de tu situación actual. Si ya estás en donde estás y no hay de otra, entonces cambia el chip y aprovecha el tiempo aprendiendo de lo que haces.
- Vete cuando ya no hay nada que rescatar. Elegir quedarte por miedo o comodidad tiene su costo y seguro ya lo conoces.
El trabajo puede ser, si lo deseas, el espacio donde te construyes.
Para ello necesitas cambiar tu percepción sobre el significado de trabajar, reconciliarte con malas experiencias y conocerte para encontrar las vocaciones donde pueda desenvolverse ese guerrero o guerrera que llevas dentro y, por supuesto, ponerlo al servicio del mundo.
El trabajo será tan pesado o ligero, según tu manera de verlo.
Aprovecho este momento en el sofá, para desearte de corazón, que tu trabajo deje de ser el medio de sobrevivencia para convertirse en tu medio de superación personal.
Que deje de pesarte más de lo que te sostiene.
Que te obligue a ser quien eres y no a hacer lo que no quieres.
Al final, no se trata solo de trabajar, se trata de construirnos mientras trabajamos.
Así que constrúyete cada día para disfrutar no solo un día de asueto, sino los 365 días que nos regala el año.
Que tengas hoy, y todos los días, un feliz Día del Trabajo.
