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Pasado

¿Cuando hablamos del pasado lo procesamos tal como fue, o lo traemos al presente de tal manera que lo volvemos a vivir en el aquí y el ahora?


Si entendemos el pasado como algo que ya sucedió, ¿por qué nos sigue afectando? Muchas veces nos laceramos preguntándonos por qué nos ocurrió un evento, en lugar de cuestionarnos para qué nos sucedió. Reincidimos en esa experiencia porque no sabemos qué hacer con ella; queda inconclusa, sin cerrar.

No nos detenemos a pensar que el pasado existe para enseñarnos, no para habitar en él. Si no aprendemos de la experiencia, estamos destinados a repetirla una y otra vez hasta asimilar la lección. Mientras enfoquemos la atención en la pérdida y no en el aprendizaje, seguiremos dando vueltas en un círculo vicioso de sufrimiento.



Por supuesto que tenemos libre albedrío para elegir nuestra actitud ante la vida. Sin embargo, lo crucial es observar dónde estamos parados. A veces ni siquiera reconocemos nuestra posición actual y caemos en berrinches de niños caprichosos que no saben lo que quieren. Tomar conciencia del lugar donde te encuentras te da la pauta para decidir si deseas repetir esa historia: o aprendes del pasado aceptando que ya fue, o te entierras en él haciéndote la vida imposible.

Es como cuando inyectan a un niño y le preguntan si le dolió. Él puede reaccionar de dos formas: contar de manera tranquila que le dolió, recordando que sus padres le explicaron que era necesario para sanar, o revivir el evento llorando con tanto sentimiento que vuelve a experimentar el piquete al platicarlo.




¿Cuántas veces vamos por la vida contando un suceso del pasado y lo reexperimentamos con tal intensidad que volvemos a llorar, gritar o enojarnos como si estuviera ocurriendo en este instante? ¿Cuántas veces nos quedamos estancados en el mismo evento sin resolverlo?

El pasado guarda experiencias que duelen profundamente. Si no las resolvemos, desgastan nuestro presente y nos obligan a cargar con un peso innecesario. El primer paso para liberarnos es definir qué queremos. Al observarnos con lucidez, ganamos la claridad interna necesaria para sanar.

Obsérvate y decide: ¿quieres repetir el pasado y seguir dañando tu presente, o prefieres dejarlo ir y rescatar el aprendizaje?

¡Tan tan!


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