Todo y nada es personal: la voz que vale

La intención: esa cosa invisible que lo cambia todo

El guardián del dolor: lo que mi perra me enseñó sobre mí misma

Los límites liberan o encarcelan: tú eliges

Y llegó el temido septiembre...

¿A qué hora es el desfile de las 8:00?

Mi mascota y su partida al cielo

Mucho se oye de que las mascotas no son humanos, que si los tratan así no es lo correcto, que los humanizamos y que no está bien. 


Otros dicen que las mascotas tienen y dan más amor que los propios humanos. También otros dicen que no son de la familia. En fin, hay muchas formas de pensar al respecto.

¿Tú qué piensas? Todo punto de vista puede ser correcto mientras no se lastime a nadie, ya sea humano o mascota.

La cosa aquí es que murió mi Nicky, una Pug negra hermosísima y con un carácter muy especial, que terminaba enamorando con su sola presencia a quien pasara por su camino. 

Por un lado, te dicen que es solo un perro, que ya estaba grande, enfermo, y que no es lógico; que no está bien que se sienta dolor como si fuera un humano, que no es lo mismo.

Me pregunto: ¿por qué no es lo mismo si me duele tanto? 

Aquí solo hay una verdad, la verdad de quien lo esté viviendo: es un sentimiento muy particular, muy de adentro del corazón, muy de lo vivido entre estos dos seres que convivieron durante muchos años. Muchas veces hay más convivencia entre mascota y dueño que entre los propios familiares. Hay veces que el dueño y la mascota lloran juntos, se ríen juntos, viven juntos muchas experiencias de salud y enfermedad, de alegrías y de tristezas, y esto los une: forman un lazo invisible que nadie puede romper y que llega hasta el fondo del corazón.



Asimismo, puede pasar lo contrario entre dos seres humanos que llevan la misma sangre: aunque no vivan juntos o separados, casi ni se conocen, no se procuran, no se cuidan, no se protegen; al contrario, hasta se pueden destrozar si se descuidan.

Por eso, si tienes que pasar por el duelo al perder una mascota, no te niegues este sentir. Haz contacto con la emoción y llora lo que tengas que llorar para lavar tu alma y tu corazón. Haz lo que tengas que hacer y dale todo ese respeto que para ti significa esta mascota querida. Solo ten cuidado: no te vayas como hilo de media y te llegues a enfermar, porque entonces estarías instalado en el sufrimiento; y desde la perspectiva de la Semiología de la Vida Cotidiana®, el dolor es necesario, pero el sufrimiento es opcional.

Si no puedes manejar esta situación y crees que te está rebasando, pide ayuda. Que no te dé pena; más bien, qué bueno que te des la oportunidad de observarte y de notar que esto ya no va bien para tu salud física o emocional.




Tu mascota, desde donde esté, no quiere verte sufrir; quiere que seas feliz, aunque solo tengas su recuerdo y no su presencia.

Llevarás en tu corazón a esta almita hermosa, que te hizo feliz durante muchos años, pero que recordarás toda la vida con anhelo: con el anhelo de que, donde quiera que esté, sea feliz y sea protegida por siempre.

¡Tan, tan!

  • Visto: 89

Artículos populares