Conocerse uno mismo: qué significa

¿Quién decide en tu vida? : La influencia de tu inconsciente

Priorizando lo que realmente importa

El miedo dentro de la caja

Las falsas pertenencias: sólo alguien te pertenece: tú (y eso, quizás)

El mejor maestro vive en ti

Despertar la conciencia sin romanticismo (segunda parte)

¿De dónde viene tu deseo de ser consciente?

En la primera parte hablamos de algo que suele incomodar: despertar la conciencia no siempre se siente bien.


Descubrimos que el despertar no consiste en vivir permanentemente con tranquilidad, sino en mirar aquello que durante años evitamos mirar: nuestra verdadera personalidad.

Pero entonces, si el camino es tan desafiante... ¿qué hace que alguien decida recorrerlo?

Volvemos al primer ingrediente principal: el anhelo de estar bien y mejor, quitando cualquier superficialidad que entorpezca el proceso ideal.

Tu viaje será mejor si tiene un sentido más profundo, si es un llamado que te invita a mejorarte con toda la responsabilidad que conlleva.

El primer ingrediente sin duda es la intención. Una intención que debe emanar de tu ser; del deseo de cambiar algo que te molesta o que te ha hecho tocar un fondo del que quieres salir.

Y quizá por eso no todo el mundo desea recorrer este camino de manera genuina. Evadir o suponer que lo estás haciendo es más sencillo.

Vivir distraídos muchas veces parece menos doloroso que cuestionarnos profundamente; aunque se esté tropezando con la misma piedra que ya provocó daños a los pies.

Despertar es detenerse, observar, quitar la piedra o encontrar otros caminos y, por supuesto, sanar los pies de una vez por todas.

Y eso rompe por completo con un deseo superficial que está de moda, invita a integrarlo realmente a tu evolución personal.

Si después de un artículo completo, tu anhelo ha despertado, adéntrate a escucharlo con fuerza y pon en marcha ese motor que estará marcado por la intención, pero que poco a poco requerirá de toda la maquinaria que te permita asumir el proceso completo.

Por ende, integra en esta segunda parte, herramientas como: el método, la elección, el reconocimiento y la reconexión.


El método te dará una guía práctica. Puede fungir como recetas ensambladas que te auxilien a descubrir por dónde empezar, cómo y cuándo. Te proporciona ejemplos y ejercicios para observarte, cuestionarte y sostenerte en el proceso. Busca y elige el que mejor resuene contigo.


La elección será clave porque habrá momentos en los que será más fácil volver a lo conocido, a lo automático y a lo cómodo. Elige volver a ti cuando todo parezca empujarte hacia las viejas reacciones. Por ejemplo, elige afrontar una conversación incómoda sin juzgar al otro. Elige dejar de victimizarte cuando sientas que no puedes, evita culpar al método si no te gustó. Y sobre todo, elige ser paciente contigo sin castigarte por no avanzar más rápido. 
Recuerda que no porque no veas crecer la semilla, significa que no está alimentándose con el agua que le das.

El reconocimiento de quién eres en verdad, minimizará muchísimo al ego. Reconocer no siempre significa aceptar lo que más nos gusta de nosotros. Muchas veces significa admitir aquello que hemos defendido durante años y que, en realidad, nos ha limitado. Observa con honestidad quién eres, sin justificaciones, aunque no te guste. 

Y la reconexión será pilar importante porque en medio de todo ese proceso, lo que realmente estás haciendo es volver a tu esencia. No te conviertes en una versión nueva, sino que sale la que siempre ha estado en tu interior.

Estos elementos contribuirán con éxito a tu proceso, recordando que es un recorrido que tiene curvas y obstáculos, como en cualquier otra carretera.

Ármate de paciencia y acompáñate con alguien que pueda guiarte sobre todo en los momentos de duda.

No te aferres a querer ver resultados inmediatos, éstos aparecerán cuando te des cuenta de que algo en ti ha cambiado. Cuando empiezas a fluir con lo que antes te afectaba. Cuando le restas importancia a los cambios de clima que cambiaban en automático tu estado de ánimo. Cuando ciertos patrones ya no se repiten todos los días y cuando un pequeño conflicto se convierte en eso: en pequeño. 

Lo que sucede cuando despiertas es que de fondo no ves resultados, sino ves cambios cotidianos. 

Por ejemplo: ya no discutes igual, ya no necesitas tener la razón en todo, escuchas diferente, con mayor presencia, tus relaciones cambian, la prisa baja, pones más atención a cada detalle de la vida, cambia tu forma de trabajar, aprendes a relajarte, usas el humor como vía para no tomarte todo en serio, aceptas tus errores y en lugar de preocuparte por ser mejor, te ocupas por lograrlo poco a poco.

Los cambios los notas cuando la paz aparece en ti con mayor facilidad. Esa paz que deseabas cuando descubriste tu deseo de estar bien en medio de un caos que te abrumaba.


Un estar bien que sale del interior y no de una publicación vista en una red social.

Ahí sabrás que tu despertar está sucediendo y no para ser mejor que nadie, sino para ser una persona con mejor capacidad para disfrutar la vida.


Ser consciente no te convierte en alguien superior, ni más evolucionado que otros. Te vuelve presente de tu propia humanidad.

Te permite reconocer y equilibrar responsablemente tus luces y tus sombras, sabiendo que eres alguien no perfecto, pero si perfectible. 

Te permite quitar las capas que no son tuyas, asumir patrones que sí coinciden con tu visión de vida sin suprimir aquellos que te forjaron mientras dormías.

Te permite aceptar tus condiciones actuales sin miedo a ser juzgado, sin querer ser alguien diferente, sin la necesidad de aprobación externa.

Te permite ver quién eres y elegir quién quieres ser, desde un lugar íntimo y responsable.

Así que mi querido lector, si has llegado hasta aquí, quizá ya descubriste que despertar la conciencia no es una experiencia romántica.

Es profundamente amorosa.

Amorosa porque exige mirarte con verdad.

Porque te invita a dejar de pelear contigo para comenzar a comprenderte.

Porque no intenta convertirte en alguien diferente, sino ayudarte a recordar quién eras antes de aprender a vivir desde el miedo, la aprobación o la costumbre.

Tal vez por eso el despertar nunca termina. Cada nueva etapa de la vida trae una nueva oportunidad para conocerte.

Y quizá la conciencia no sea otra cosa que eso: la decisión cotidiana de volver a ti.

No para ser perfecto o superior.

Sino para habitar tu humanidad con la suficiente honestidad como para dejar un mundo un poco mejor de como lo encontraste.



Y como diría Deepak Chopra: “Despertar no es cambiar quién eres, sino descartar quién no eres”.

Si aún te persigue la duda de para qué deseas ser consciente, aquí puedes tener una respuesta: para estar bien en tu verdadero ser, cada día de tu vida.

Disfruta entonces, ese viaje que te llevará indudablemente al mejor lugar de todos: a ti.

  • Visto: 49

Artículos populares