Vivimos en una época donde hablar de conciencia, sanación y despertar personal se ha vuelto cada vez más común. Basta abrir una red social para encontrar frases sobre paz interior, conexión espiritual, abundancia o evolución personal.
Y aunque es valioso que hoy exista más interés por mirar hacia adentro, también es importante hablar de algo que pocas veces se menciona: el despertar de conciencia no siempre se siente bien.
De hecho, muchas veces ocurre exactamente lo contrario.
Existe una versión romantizada del despertar que lo pinta como un estado permanente de calma, claridad y equilibrio. Como si desarrollar conciencia significara convertirse automáticamente en una persona iluminada, libre de conflictos internos y emocionalmente estable en todo momento.
Pero la realidad es mucho más humana. Y también mucho más profunda.
Despertar la conciencia no es escapar del caos, sino atreverte a mirarlo de frente.
Es, tal vez, uno de los caminos más empedrados que una persona puede recorrer a lo largo de su vida.
Pero vayamos aterrizando mi querido lector, porque más allá del despertar de tu conciencia y sus implicaciones, creo que lo importante es saber para qué quieres ser consciente.
Si quieres serlo para sentirte superior a alguien más, posiblemente el ego te esté ganando y no lograrás el propósito adecuado.
Si es para sentirte mejor, para tener mejores vínculos, para dejar de sufrir o para encontrar la paz, entonces espero que este artículo, lejos de desilusionarte, fortalezca tu decisión.
Te comparto mi opinión:
Despertar la conciencia es sin duda para estar mejor contigo y con tus vínculos, pero es un proceso que si se toma en serio, confronta y desarma la idea que tenías de tu persona, de tu vida y del mundo entero.
Es un camino lleno de enredaderas, que puede abrumarte cada vez que decides recorrerlo.
Puede ser un sendero incómodo porque te invita a darte cuenta de los patrones que repites, de las decisiones que tomas desde el miedo, la necesidad de control o la falsa seguridad; de las relaciones que sostienes por costumbre o de las heridas que siguen abiertas cuando creías que ya estaban resueltas.
Implica aceptar lo automática que es tu vida.
Cuestiona los condicionamientos, los mecanismos de defensa y las necesidades de aprobación que ni siquiera habías visto antes.
Y eso no siempre se siente bien. Al contrario, seguro es una de las experiencias más complicadas de la vida porque amerita desmarañar todo ese caos interno al que no le habías prestado atención.
Es como entrar en una habitación que llevaba años cerrada y enciendes de repente una luz muy brillante. Literal: deslumbra.
Despertar la conciencia demanda verte sin filtros, aceptarte con menor juicio y atreverte a ser responsable de ti.
Ahí comienza el trabajo de fondo, pues lo más importante es asumir que la única persona que puede decidir sobre su vida eres tú y no el sistema o la famosa matrix de la que tanto hablan.
Lo difícil es crear una responsabilidad interna que conviva en armonía con el exterior sin desaprobarlo. Porque, despertar no es negar ni suprimir, es aceptar lo existente y crear desde tu libre albedrío, las condiciones que favorezcan una vida plena en medio de los paradigmas colectivos.
Ser consciente no elimina las emociones que tienes ni las resuelve como varita mágica; te invita a observarlas, a descubrirlas y a relacionarte con ellas de otra manera.
Por eso es importante saber para qué deseas ser consciente, pues sin ese elemento clave, te aseguro que la magia no sucede y puede que te cueste más trabajo hacerlo.
No pasa nada si lo único que deseas es estar bien.
El reto es aceptar que estar bien no es un estado estático, y que no por eso dejarás de ser consciente, sino al contrario, serlo te ayudará a reconocer cuándo sí y cuándo no estás bien y a elegir bajo ese reconocimiento, las actitudes que te ayudarán a reaccionar con asertividad.
Cuando no eres consciente, reaccionas como cualquier otro animal: a la defensiva. Pero cuando lo eres, ya sabes que no eres cualquier otro animal, sino que eres uno en proceso de evolución que tiene capacidad de transformar su reacción en una mejor decisión.
Y digo en proceso de evolución porque la conciencia no se desarrolla una vez ni es producto terminado.
Caemos en el error de dar por hecho que una vez que se despierta ya entramos en un estado de lucidez total donde ya lo comprendemos todo, donde somos excelentes personas que nunca se equivocan y que todo lo tienen resuelto. Sin embargo, lo que despierta es solo una versión nuestra que está en crecimiento. Una capa de cebolla que logró retirarse al ser comprendida, pero al interior se descubren otras capas que están por revelarse.
Somos humanos complejos y cambiantes que constantemente están aprendiendo a conocerse. Desarrollar la conciencia es entonces parte de su evolución.
Es el continuo del conocimiento de uno mismo en pro de ser mejores seres humanos cada vez.
Hacerte consciente de tu existencia y de cómo esa existencia impacta en el mundo… y además, desear que sea positivo, es seguramente, el mayor deseo y desafío evolutivo.
Va más allá del hecho superficial de estar bien en un día normal.
Cuando eliges ser mejor desde este enfoque, la conciencia ya despierta, llevándote a una senda incesante de enseñanzas.
Pues habrá momentos donde sentirás claridad y conexión profunda contigo. Pero también habrá días donde volverás a viejos hábitos, donde dudarás de tu proceso y pensarás que no has avanzado nada.
Muchas personas cuando profundizan en su autoconocimiento creen que fallan cuando regresan a conductas conocidas, cuando pierden su foco y cuando se sienten perdidas o emocionalmente confundidas. Lo que a veces no reconocen es que ese simple hecho de darse cuenta de sus conductas destructivas ya es parte de su despertar; un avance significativo de lo que antes no se daban cuenta.
No hay transformación real sin cierto nivel de caos interno.
El romanticismo desaparece cuando comprendes que despertar la conciencia no significa convertirte en alguien perfecto, sino en alguien más presente, más atento a lo que sucede alrededor y más coherente con sus decisiones.
Es ese darse cuenta pero mirándose con los ojos del alma, con esos que no te mienten.
Despertar no es vivir en calma todo el tiempo, ¡sin que ni la mosca te moleste!, sino desarrollar la capacidad de volver a ti una y otra vez incluso cuando todas las moscas deciden volar alrededor tuyo.
Es un proceso de avances y aparentes retrocesos, de expansión y de contracción. De ligeros mareos y de grandes terremotos.
Y aunque esto puede parecer desalentador, en realidad es lo que le da autenticidad al camino.
Si estás dispuesto a emprender un viaje en donde no hay meta, donde hay altibajos, dudas y a veces frustración por no saber si estás evolucionando o no, entonces bienvenido, ya estás en el camino de ser consciente y seguramente tu proceso será más real y llevadero.
Eso sí: la conciencia no se desarrolla únicamente con intención. También necesita método, elección, reconocimiento y reconexión.
Elementos que con gusto te explicaré en una segunda entrega de este artículo.
Pero hoy, lo que deseo sembrar en ti es la duda de tu deseo de ser consciente, no para que te retractes, sino para que puedas asumirlo paradójicamente, en conciencia de tu decisión.
Cuestiónalo no solo para estar bien, sino para estar mejor en ti y, por consiguiente, en cada aspecto de tu vida.
Considera que no siempre será cómodo ni mucho menos romántico o rápido. Llevará el ritmo que sea necesario para que aprendas a habitarte con verdad incluso en medio del caos.
Y quizá ahí, justo ahí, comienza tu verdadero despertar.
