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Para qué sirve ir a la escuela: más allá de las calificaciones

Seguramente, alguna vez te hiciste esta pregunta. Y lo más probable es que la respuesta que recibiste no te convenció del todo. Fuimos porque "había que ir", porque nos llevaban o, de plano, porque nos obligaban. Tal vez, mucho tiempo después, empezamos a vislumbrar el verdadero propósito.

El problema es que, hoy en día, todavía no tenemos una respuesta que realmente motive a los niños y jóvenes a querer aprender. Si una niña le pregunta a su mamá: "Oye, ¿para qué tengo que ir a la escuela?", las respuestas suelen ser los mismos clichés de siempre:

Para aprender
Para que seas una mujer de bien
Para que seas alguien en la vida
Para que consigas un buen trabajo y ganes mucho dinero
Para que te hagas cargo del negocio familiar

Y muchas otras.

Pero, seamos honestos: ¿son estas las respuestas adecuadas? Si miramos los niveles de deserción y el desinterés en las aulas, parece que no.

Qué es realmente la educación

La RAE nos dice que es la "acción y efecto de educar". Un poco frío, ¿no? María Moliner se acerca más al punto: "Preparar la inteligencia y el carácter para vivir en sociedad".

Aun así, suena técnico. En la práctica, la sociedad ve la escuela como una fábrica de piezas para el sistema productivo: estudias para trabajar, trabajas para comer, comes para vivir. Pero, ¿es eso suficiente? Aunque todos necesitamos un sustento, creo que la educación tiene dos ejes mucho más profundos:

1. Conectarse con el mundo

La educación no es un "taller mecánico" donde los padres dejan a sus hijos para que "se los eduquen". Es el proceso de enseñarle a alguien cómo funciona la realidad, el mundo. Cuando un joven entiende que la geografía, la historia, el español o las matemáticas son las herramientas para entender su entorno, el aprendizaje cobra sentido. Si no hay beneficio visible, no hay entusiasmo; y sin entusiasmo, la escuela se vuelve una condena de horas eternas esperando el timbre de salida.

2. Descubrir el potencial (la vocación)

¿Y si la escuela fuera el lugar para descubrir quién eres? Aquí entra la vocación. La palabra viene de vocatio, que significa "llamado interno". Es ese impulso interno que te dice por qué camino andar. Cuando alguien trabaja en su vocación, no siente que "trabaja"; siente que se construye a sí mismo, se entusiasma y se realiza.

¿Y si la escuela fuera el lugar para descubrir quién eres?

Un viaje de la vida: una metáfora

Imagina a dos personas en la Ciudad de México que deben emprender un viaje. El destino es su futuro profesional.

  • El sujeto A no sabe a dónde va ni cómo prepararse. Alguien le dice que Oaxaca es un buen lugar. Como no se conoce a sí mismo, se lo cree. Toma el camino equivocado, gasta todos sus recursos y, al llegar, descubre que no le gusta. Pero se queda ahí, resignado, viviendo a medias.
  • El sujeto B se conoce. Sabe que su lugar es Tijuana. Traza un mapa, calcula los 2,000 kilómetros, prepara sus recursos y llega con éxito. No solo eso: esa preparación le permite después aspirar a nuevos horizontes, como Winnipeg, Canadá.

La diferencia entre ambos fue la preparación y el autoconocimiento.



Una nueva respuesta

Existe un modelo educativo llamado Semiología de la Vida Cotidiana®, creado por el Dr. Alfonso Ruiz Soto®, que se enfoca precisamente en esto: en elevar el conocimiento de uno mismo para tomar mejores decisiones. Porque, al final, de eso se trata la vida.

Así que, la próxima vez que un niño te pregunte para qué sirve ir a la escuela, podrías responderle:

"Vas a la escuela para descubrir quién eres, de qué eres capaz y cómo vas a crecer para que, hagas lo que hagas, seas feliz".

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