Nunca imaginé que me tocaría vivir una historia así. Una de esas que piensas que solo les pasa a otras personas. Una historia de infidelidad.
Todo empezó con detalles tan sutiles que, si me los hubieras contado entonces, yo misma los habría justificado.
—“Es normal que quiera hacer sus cosas.”
—“No pasa nada si dejo pasar esto.”
—“Es solo una etapa.”
Primero fueron los planes de fin de semana: íbamos a donde él quería. A sus lugares, con sus amigos, con su música. Yo, sin darme cuenta, me fui adaptando… hasta convertirme en una invitada de mi propia vida.
La lenta desaparición de mí misma
Después vinieron las amigas. Dejé de verlas. Los planes se cancelaban uno tras otro. Las llamadas, cada vez más cortas. Me convertí en esa mujer que siempre se siente como “hay algo más importante que ella misma”.
Mis gustos empezaron a diluirse: ya no cocinaba, ya no escuchaba la música que me encantaba, ya no iba a mis lugares favoritos.
Fui borrando pedacitos de mí misma, como si amar significara desaparecer poco a poco.
Y también dejé la familia.
No porque él lo pidiera… fui yo quien empezó a construir esa distancia, como si amar a alguien implicara renunciar a mis raíces para que él cupiera mejor.
La traición que no vi venir
Cuando me di cuenta, no era la misma.
Me miré al espejo y no reconocí a la mujer que estaba ahí. Esa sonrisa ya no era mía, era una mueca de costumbre. Esa ropa no era mi estilo, era comodidad disfrazada de aceptación. Esa vida no era mía, era una versión reducida de mí misma.
Y entonces lo entendí.
No había mensajes escondidos.
No había otra mujer.
No hubo mentiras… al menos, no de él.
La traición vino de un lugar mucho más íntimo: yo.
La peor infidelidad
Fui yo quien se traicionó.
Cada vez que dije “sí” cuando quería decir que no. Cada vez que callé lo que me dolía. Cada vez que me postergué a mí misma para que él no se incomodara. Cada vez que solté pedacitos de mi esencia para que me quisiera un poco más.
🪞La infidelidad más dolorosa no fue la suya. Fue la mía.
Me fui infiel a mí misma. A la mujer que soñaba, que reía fuerte, que sabía lo que quería. A la mujer que un día simplemente dejó de elegir.
Volver a elegirme
La ruptura más profunda no es con otro; es contigo misma.
Cuando eres tú quien se abandonó… también eres tú quien puede volver.
Volver a escucharte. Volver a abrazarte. Volver a elegirte con amor y sin condiciones.
La Semiología de la Vida Cotidiana® me ayudó a reencontrar mi mirada, a descubrir que la verdadera fidelidad no es hacia alguien más… sino hacia mí misma.
Me acompañó a regresar a mi centro, a reconciliarme con mi voz, con mis pasos y con mi historia.
Por eso, hoy acompaño a otras personas a transitar el duelo más profundo que puede existir: el de haberse perdido a sí mismas.
A recuperar su fidelidad interior.
A volver a habitarse.
Porque, a veces creemos que el amor más difícil es el que le damos a otro… pero el amor verdaderamente valiente es el que nos damos a nosotras mismas cuando decidimos volver.
Volver a habitar nuestra piel.
Volver a honrar nuestras raíces.
Volver a reconocer nuestra voz como suficiente.
La fidelidad más profunda no tiene que ver con promesas externas, sino con el compromiso silencioso de no abandonarte nunca más. ✨
Yo soy Karolina Kasas, y deseo que tú también tengas el coraje de regresar a casa… a ti misma.
Que te mires de frente, con ternura y sin juicios, y recuerdes que la fidelidad más grande es la que te prometes en silencio… frente a tu propio espejo. 🫀