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Dieta mental: menos fritanga de drama y más ensalada de inspiración para los últimos meses del año

Ya estamos en la segunda mitad de septiembre. Y seamos honestos: a partir de aquí, el tiempo entra en “modo turbo”. En un abrir y cerrar de ojos estaremos comiendo uvas, haciendo propósitos y quejándonos porque se nos fue otro año sin ir al gimnasio.

Para algunos, esta temporada es la mejor: fiestas, familia, vacaciones y ese ambiente de cierre de año que huele a alegría. Para otros, es sinónimo de estrés: cierres laborales, cuentas por pagar, regalos que comprar, y el bendito aguinaldo que llega… y desaparece casi de inmediato.

Sea como sea, el cierre del año suele ser intenso a nivel emocional. 

Y claro, si de dietas hablamos, todos sabemos que esta es la época en que la dieta física termina guardada en un cajón.

Y sí, es agradable saber que, al menos una vez al año, podemos darnos el lujo de disfrutar sin restricciones. De hecho, debería preocuparnos no hacerlo, porque todo —incluso la vida— necesita un poco de libertad y disfrute.


Pero, definitivamente, guardar la dieta es un acto del cual después nos arrepentimos. Por eso aprovecho esta fecha para proponerte una dieta diferente, no física, sino una que te permita gozar sin culpa. Porque tanto tú como yo querido lector, queremos un enero sin angustias y sin escondernos de la báscula, solo porque comimos tanto que el cuerpo no tuvo de otra más que expandirse tanto como nuestra diversión.

Queremos iniciar un 2026 con propósitos favorables, que solo serán posibles si cerramos este 2025 con decisiones igual de favorables. Al fin y al cabo, lo que se siembra hoy, se cosecha mañana.

Y quizá te preguntes: ¿por qué en septiembre se me ocurre algo así?

No es que me haya picado un mosquito raro que me haga hablar de esta manera. Lo que pasa es que, como ya lo dijimos al inicio, en estas fechas pareciera que el tiempo agarra velocidad, y más vale prevenir antes que lamentar.

Por ello te propongo algo diferente hoy, para que puedas gozar sin temor en lo que resta del año. Es además una dieta gratuita que puedes implementar inmediatamente sin tener que ir al súper para abastecerte de insumos.

Te hablo de la dieta mental.

¿Y esa cuál es?

La dieta mental es la que te permitirá disfrutar a lo grande. La que hará que en cada festejo te sientas verdaderamente feliz y la que transformará cada evento pasajero, en una experiencia digna de recordar.

Se trata de elegir cuidadosamente qué pensamientos y emociones quieres que alimenten tu mente en estos meses que restan del año, para que cuando inicies el siguiente año, lo hagas cargado de una actitud que te haga feliz. Porque, igual que el cuerpo, el cerebro también se intoxica si solo lo llenas de queja, drama y críticas.

Si quieres unos últimos meses llenos de color y alegría, nutre tu mente con pensamientos sanos que se conviertan en palabras y acciones favorables.

La queja, la crítica, el drama y el desánimo son destructores de actitudes.

Si quieres verdadera intensidad en lo que resta del año, entonces implementa esta dieta desde hoy.

¿Cómo empezar la dieta mental?

  1. Revisa tu carrito mental. ¿Qué estás consumiendo cada día? ¿Drama porque es la temporada de estrés en el trabajo? ¿O inspiración que te permite ser creativo para armar el intercambio de calaveritas que se acerca? Si es inspiración, inclúyela en tu menú diario. Si es drama, elimínalo de tu lista.
  2. Cambia las porciones. Un poquito de memes y ocio está bien, pero que sean sólo el postre, y no el desayuno, comida y cena de todos los días. Incrementa las porciones de abrazos y de risas; no esperes al final del año.
  3. Nutre a conciencia. Llena tu mente de ideas, palabras, artículos y noticias que te hagan crecer y crear hábitos nuevos. 
  4. Elige vínculos sanos. Buena comida con buena compañía. Escoge con quién alimentar tu mente y pasar un rato agradable. Los vínculos crean recuerdos, esos que compartes en fin de año.

Esta dieta, como cualquier otra, requiere atención y presencia para ser efectiva, así que coloca todo tu ser en ella.  

Y lo más importante: disfruta. Porque ya sabemos que una dieta sin disfrute es una dieta perdida.

Tu cerebro -y tus próximos meses- merecen un menú digno, no un buffet libre de actos sin sentido.

Así que ya sabes, si vas a guardar la dieta, que no sea la mental. Esa es la que, en algún momento, también alimentará tu dieta física porque todo inicia en tu manera de pensar y de ver el mundo.


Disfruta desde hoy cada temporada que le da sentido a tu vida. Y te aseguro que, en la medida en que ejercites esta práctica, dejarás de temerle a las dietas y dejarás de querer guardarlas, ya que aprenderás a colocar en tu mente sólo los pensamientos que te nutren, que te dan ánimo, paz y alegría. De ésta manera, todos los días serán la mejor temporada para disfrutar del menú de la existencia misma.


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