A menudo, veo a muchas personas transitar por la vida esperando que la suerte les sonría y les conceda lo que tanto desean: una casa, dinero, automóviles, viajes, una pareja, un buen trabajo y un sinfín de otras cosas que parecen representar la felicidad absoluta.
Honestamente, también he estado en modo espera cuando anhelo algo que creo que debe llegar por creación divina.
Pero cada vez que espero, esa espera se alarga, y en ocasiones no llega nada o lo que llega es de una manera distinta a la que quisiera. Y es entonces cuando he creído, al igual que muchas personas, que la suerte me falló.
El pensamiento de no tener suerte en algún aspecto de la vida es más común de lo que pareciera.
Hay quienes aseguran que la suerte sólo sucede a unas cuantas personas afortunadas, o que es una cuestión de fe, que le sucede a los más creyentes.
Pero esas afirmaciones sólo indican que la suerte es algo que no está realmente a nuestro alcance, y que, mucho menos, depende de nuestras acciones.
Después de cuestionarme tantas veces de dónde viene la suerte y del porqué algunos la tienen y otros no, he llegado a la conclusión de que la suerte es consecuencia total de nuestros actos.
¿Cómo puede ser eso posible?
La suerte, mi estimado lector, es algo que existe y que está ahí como cada respiro que das. Está en ti y está en mí, pero sólo cobra importancia cuando le prestas atención, la pones a trabajar y decides hacerla parte de tu vida.
La suerte no es varita mágica, es creación propia. La magia sucede cuando aprendemos a concebirla como algo posible de obtener.
Créeme: la suerte está a tu alcance si así lo decides.
¿Cuántas veces hemos aprovechado los rayos del sol para proveer a la piel de vitamina D?
Solemos huir del calor para no quemarnos, pero si el Sol fuera suerte, seguramente estaríamos como lagartijas recibiendo sus rayos.
Por ende, la suerte es posible y alcanzable por todos. Todo depende de la manera en cómo la consideres y de qué tan dispuesto estás para encontrarla en cada circunstancia de tu vida.
Puedes tomar el Sol de vez en cuanto para tener vitamina D, en lugar de comprar suplementos para ello. La suerte, como el Sol, también es gratis.
¿Y cómo obtener suerte gratis?
Aprovechando las oportunidades que te da la vida y transformándolas en actos valiosos para tu existencia y para la existencia de los demás.
La suerte es la cosecha de lo que para mí resulta del efecto EDIPO: Enfoque, Disciplina, Intención, Perseverancia y Oportunidad.
Todos tenemos metas, sueños y anhelos por alcanzar, pero no son posibles de lograr sin un enfoque claro sobre lo que deseamos, dedicación, fe inquebrantable y disposición para aprovechar las oportunidades que se presenten.
La suerte requiere ser alimentada, atraída y concretada en nuestras acciones.
Cuando no se alimenta es fugaz, pero cuando se trabaja, puede convertirse en lo que Alex Rovira y Fernando Trías de Bes describen como 'La Buena Suerte' en su libro del mismo nombre.
Aprovecho a recomendarte este libro, el cual considero que hace una magnifica aportación al describir cómo la preparación, sumada a la oportunidad, forman una ecuación única de suerte interminable.
Desde este enfoque, la suerte es acción y no espera en el sillón.
Sin duda alguna, la vida está repleta de circunstancias que escapan a nuestro control, pero si nos abrimos a sembrarlas como semillas de oportunidades, podremos cosechar los anhelos que llevamos dentro.
Esta visión, le da a la suerte un sentido más profundo que el simple mérito de un logro fortuito.
Así que piensa y medita qué tipo de suerte es la que quieres tener. Si la típica pasajera que te da una ínfima felicidad o la que tú puedes crear, aprovechando oportunidades y transformándolas en objetivos que favorecen tu vida.
La suerte tomará la forma que decidas darle.
La próxima vez que desees suerte a alguien o te la desees a ti mismo, recuerda que lo que estás deseando es… “que puedas crear las condiciones propicias para hacer realidad tus anhelos”.
Que tu vida se convierta en la mejor suerte del universo.