Mucho se habla sobre por qué tantas parejas terminan separándose con el tiempo. Abundan las teorías, los consejos, las reglas y los "manuales" sobre cómo construir una relación duradera.
Pero, si alguien me preguntara a mí: “¿Qué se necesita realmente para que una pareja funcione a largo plazo y, sobre todo, viva en plenitud?”, yrro lo resumiría en una sola palabra: Compartir.
Suena simple, ¿verdad? Pero me refiero a un compartir mucho más profundo:
Compartir pensamientos, creencias y emociones en una conversación interminable.
Compartir un proyecto de vida donde quepan las vocaciones y la visión del mundo de ambos.
Compartir una admiración profunda por quien el otro es en realidad.
Compartir debilidades y vulnerabilidades; también los enojos, las diferencias y los días difíciles... porque eso también es parte de la vida.
Compartir una sensualidad cotidiana que mantenga viva la emoción, mucho más allá de los orgasmos.
Compartir el respeto y el impulso mutuo hacia los espacios individuales.
Compartir el arte de acercar al otro al centro de su propio ser.
Compartir risas y carcajadas en la complicidad del juego y la diversión.
Compartir la vocación de servir al otro, buscando siempre su libertad y fluidez en la vida.
Compartir el espacio interior, ese que va mucho más allá del tiempo y la distancia física.
Tal vez, sólo después de compartir todo esto... nos demos cuenta de que estamos compartiendo eso que llamamos Amor.
