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Y llegó el temido septiembre...

Y llegó el temido septiembre...

Septiembre es un mes que a todo mexicano pone, literlamente, a temblar.


Y no es sólo porque con él se inicia la serie de meses que terminan con bre (septiembre, octubre, noviembre y diciembre) en los que nos da por comer como desesperados (ha de ser porque "hambre" también termina con bre).

Quizás algún día inauguremos el maratón grito-reyes.

Septiembre tiene una respiración rara. En México suena a sirenas, radios de mano y zapatos que corren. Es el mes que nos recuerda que la tierra está viva y que, cuando se mueve, también se mueve lo mejor de nosotros. No por nada es el Mes de Protección Civil y uno de los meses con más actividad sísmica registrada desde 1957 (año en el que se cayó el Ángel de la Independencia, con motivo de un sismo). Septiembre se volvió símbolo, memoria y entrenamiento colectivo. 

Este año volvió a punzar: la explosión de una pipa de gas en el Puente de la Concordia, entre Iztapalapa y Chalco, dejó muertos, decenas de heridos y autos calcinados (recordando aquel fatídico noviembre de 1984, en San Juan Ixhuatepec). El fuego subió como columna de 30 metros, a la par del miedo de quienes estuvieron ahí. Pero ahí mismo apareció la otra llama: la de gente que corrió a ayudar, paramédicos repartiendo turnos imposibles, vecinos abriendo puertas y choferes improvisando traslados.  

Septiembre nos ha marcado con fechas que aprendimos casi de memoria. El 19 de septiembre de 1985 marcó un antes y un después en la cultura mexicana; magnitud 8.1, derrumbes, silencio pesado y la certeza de que, si el Estado no alcanza, la sociedad se organiza. Ahí nacieron los “Topos”, ese símbolo de voluntariado que después cruzó fronteras. Ese día no sólo tembló la ciudad, sino que se estrenó nuestra identidad sísmica, y con ella una mística de ayuda que se mantiene vigente. 

Treinta y dos años después, otro 19 de septiembre, el 7.1 volvió a sacudir el centro del país. Muchos estábamos en simulacro; horas más tarde ya estábamos en cadena humana. El saldo fue doloroso, pero la velocidad con que se levantaron brigadas, centros de acopio y listas de herramientas mostró que la memoria también es músculo. 

Y unos días antes de ese 19, el 7 de septiembre de 2017, la costa del sureste aguantó el sismo más potente en casi un siglo: 8.2 con epicentro en el golfo de Tehuantepec. Chiapas y Oaxaca aprendieron otra forma del miedo y otra canción de la solidaridad. 

Septiembre no sólo trepida por sismos; también sabe a huracanes, como Gilberto (1988), que dejó cicatrices en la península y el noreste; Manuel e Ingrid (2013), quines, desde dos mares, ahogaron pueblos enteros; Odile (2014), que tumbó la electricidad en Baja California Sur durante días. El patrón es viejo: el agua arrasa y, detrás de ella, florecen ollas comunitarias, albergues levantados en horas y cuadrillas limpiando lodo como si limpiaran el alma. 

El giro que México nos enseñó: septiembre es el mes de los héroes

Pero quizás el punto más importante es que cada catástrofe en México tiene su espejo en la gente que se vuelve ayuda, porque héroe no es el que no tiene miedo, sino el que, aun sintiéndolo en la profundidad de su alma, decide hacer algo. Es la maestra que saca niños, el médico que improvisa un triage con post-its, el vecino que baja su extensión para cargar celulares, la persona que dona sangre sin foto ni aplauso... o Alicia, la abuelita que, sin dudarlo, protegió con su cuerpo el de su nieta de dos años para enseñarnos lo que es, literalmente, dar la vida por alguien. No es épica de película, sino logística del amor.

En 1985, cuando las instituciones quedaron chicas, una ciudad entera aprendió a usar picos y palas. En 2017, cuando los escombros se amontonaron, la juventud que algunos daban por perdida armó centros de acopio con Excel y motocicletas. En cada huracán, cuando el viento arranca techos, los techos se vuelven manos que cobijan: cobijas, colchones, termos de café. ¿Y hoy? Hoy, cuando un tanque explota, aparecen camillas improvisadas, cadenas humanas para alejar a los niños, gente aventando agua con lo que haya.

La tragedia nos ha enseñado un idioma nacional: “¿en qué te ayudo?”. Ese idioma no se aprende en la escuela, sino en la calle, en la noche que no acaba, en la mirada del desconocido que te dice “vente”, porque mi casa es tu casa. Es el mismo idioma que nos recuerda que la prevención también es amor: revisar instalaciones de gas, tener una mochila de emergencia, practicar rutas de evacuación y aprender primeros auxilios.

Hacer del miedo un plan (y del plan, una promesa)

No podemos idealizar el dolor ni romantizar la pérdida, pero sí podemos convertir el miedo en plan:

  • Prepararnos (brigadas vecinales, simulacros, mochilas de vida).
  • Cuidarnos (instalaciones seguras, cultura del reporte, nada de “a mí no me pasará”).
  • Conectarnos (listas de verificación, radios, grupos por colonia).
  • Aprender (primeros auxilios, uso de extintor, rutas y puntos de reunión).
  • Acompañarnos (primeros auxilios emocionales, escucha, contención).
  • Inspirar (las pequeñas acciones pueden producir grandes cambios en la sociedad).

Cada septiembre nos recuerda que la vida es frágil y que la comunidad es fuerte. Que el temblor no sólo se mide en magnitudes, sino también en manos que ayudan. Y, por supuesto que México ha tenido demasiadas noches largas, pero nunca ha amanecido solo.

Si septiembre tiembla, que tiemble con nosotros de pie. Si la flama sube, que suba también la luz de quienes no se quedan mirando. Que en cada “¿estás bien?” sigamos firmando ese pacto silencioso que nos ha salvado una y otra vez, y que eventos cómo éste sólo sirvan para ratificarlo: aquí estamos.

Porque tú puedes ser el héroe cuando inspiras a otros con tu ejemplo.


Guías y planes (hogar, colonia, inmuebles)

CDMX (material práctico y cursos abiertos)

Alertamiento, monitoreo y mapas de riesgo

Simulacros nacionales y talleres federales

Capacitación en línea (federal)

Dónde unirse / voluntariado (rescate y ayuda humanitaria)

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Comentarios

4 comentarios

Connie 12 de septiembre de 2025
Valoración: 10/10
Gracias por esta reflexión e información de gran utilidad
Solidaridad y amor son verbos
Este texto me invita a la [b]conciencia en acción[/b]
Nayee Garcia 13 de septiembre de 2025
Valoración: 10/10
Magnífico artículo. Una gran joya, gracias por reunir estos datos y sensibilizarnos en lo más importante: La humanidad siendo humana. Gracias.
Rocio 13 de septiembre de 2025
No cabe duda que los seres humanos somos apoyo incondicional en este tipo de situaciones, excelente artículo, información valiosa para seguir apoyando y hacer reflexión sobre la vida
Araceli Rangel 13 de septiembre de 2025
Bellísimo 😭😭😭 cuando la tragedia nos derrumba la solidaridad nos salva ❤️ Excelente articulo, realmente inspirador 🤗

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