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Encontrando la dulzura en la vida amarga

Encontrando la dulzura en la vida amarga

Detente un momento y pregúntate: ¿la vida es difícil?

¿Cuántas veces lo has dicho al grado de ya darlo por hecho?

Nos acostumbramos tanto a luchar para salir adelante que a veces olvidamos para qué vivimos. Pareciera que estamos aquí para resolver problemas, tachar pendientes, pagar cuentas, atender a los hijos y, si alcanza el tiempo, dormir un poco, aunque no descansemos. Nos urge terminar el día, como quien pasa las páginas de un libro solo para sentir que ya casi lo acaba, sin enterarse de la historia.

Poco a poco, vemos la vida como algo que hay que soportar y a la madurez como esa etapa en la que empiezan los problemas de verdad.

-Ahora entiendo por qué a algunos niños les asusta crecer.

Se supone que, cuando nos volvemos adultos, sabemos cómo afrontar las dificultades. Pero ¡oh, sorpresa! muchas veces llegamos con miedos, prejuicios y una enorme facilidad para exigirnos más de lo que podemos dar, listos para partirnos en pedacitos sin parar.

Es ahí donde conviene detenerse, jalar la silla más cómoda y sentarnos a pensar: ¿qué nos está amargando la vida? ¿serán acaso las circunstancias, la manera en que vivimos o ambas cosas?

Hay dificultades que pesan, y mucho: una pérdida, una enfermedad o la incertidumbre de no saber si alcanzará el dinero para la semana; aspectos que no se saldan con una sonrisa, pero que de cierta forma, no tendrían porqué consumirnos.

Si bien los problemas son para resolverse, rara vez los vislumbramos de esa manera por estar sumergidos en su lado negativo, por juzgarlos, por odiarlos y sobre todo por evitarlos.

Al estar tan preocupados, olvidamos lo más esencial: disfrutar.

Y a lo mejor sale de ti una pequeña burla ante lo que lees o escuchas, pensando que es una locura lo que digo.

¿Disfrutar mientras tenemos problemas?

Tal vez cueste trabajo gozar tal cual del problema, más cuando es reciente, pero a lo mejor podemos gustar de todo lo demás que nos rodea, mientras lo atravesamos.

Los problemas son retos que la vida pone en nuestro camino para ayudarnos a evolucionar mientras los resolvemos.

Piensa en una situación que hoy te preocupe. Escríbela si puedes. ¿Qué parte está en tus manos? ¿Con qué recursos cuentas para atenderlo?

A veces no encontramos una salida porque estamos agotados o porque el miedo ocupa todo el espacio. Reconocerlo es a lo mejor, el primer paso para desarmarlo.

Y si te cuesta trabajo hacerlo, entonces revisa tus emociones; es posible que la emoción nuble tu juicio: ira, desesperación, tristeza, angustia o desolación.

Las emociones no trabajadas y la forma en cómo percibimos a los problemas, es lo que le da el poder para abatirnos.

Si retomamos el control y nos volvemos los protagonistas de nuestra vida, encontraremos con mayor facilidad las respuestas para aquello que nos aqueja.

Observa a los niños cuando inventan un juego: usan lo que tienen a la mano, establecen o cambian las reglas si no les gusta cómo va todo, colaboran y buscan cómo ganar. Y aunque se frustran, se enojan y hacen berrinche, al final del día, se van a la cama satisfechos por haber tenido un día divertido.

Recuerdo en este preciso instante cuando mis sobrinos, en medio de un juego, se detuvieron a admirar a un caracol que paseaba por la jardinera. Estaban fascinados con su caminar, su color, su tamaño y aspecto. Eran felices en medio de un juego que dejaron de lado sólo para observar una maravilla de la naturaleza. Decidieron dedicarle atención a algo único del momento.

Ahora que te lo cuento, sonrío ante aquel recuerdo.

Pienso en la cantidad de veces que dejamos de observar las maravillas del entorno por estar atentos al desgaste cotidiano.

La vida adulta tiene responsabilidades, eso nadie lo niega. Aun así, ser responsables no nos obliga a renunciar a la risa ni a posponer cada momento agradable hasta que todo esté resuelto.

Está el paisaje de camino a una reunión difícil. El abrazo del ser querido al llegar a casa después de un día pesado. Ese café que tomamos sin prisa. La mascota que te recibe feliz después de una larga espera. Nada de eso borra las dificultades, pero puede darnos un respiro para seguir.

Mi querido lector, esa circunstancia que hoy te pesa merece atención y solución, pero también límites para que no consuma la alegría de tu vida. Busca, mientras la resuelves, los lados positivos que puede tener: aprendizaje, crecimiento, resiliencia o reconexión.

Considera que tu vida será tan difícil o llevadera como lo quieras, pues sólo tú la puedes construir. Saboréala en cada acción que tomes y no olvides compartir un poco de su sabor a los demás, a través de un abrazo, una palabra, una mano amiga o una sola sonrisa.

Los sinsabores sólo se atienden con el ingrediente correcto. Así que si no sientes sabor en la vida ahora mismo, recuerda ponerle lo que tanto nos dijo nuestra querida Celia Cruz: ¡azúcar!


Nayeli García

Nayeli García

En 2004 descubrí mi primera vocación: la implementación y asesoría de sistemas de gestión. En el 2010 conocí el modelo de Semiología de la Vida Cotidiana y a partir de ahí, me apasioné por el desarrollo de la conciencia.

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Johan 23 de octubre de 2026
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¡Padriúris artículo!

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