La participación de mujeres en cargos directivos y de liderazgo, es algo que ya no causa sensación en los tiempos actuales.
En este Tercer Congreso Internacional de Desarrollo de Conciencia Semiocurrió, propongo mirar a las mujeres que sostienen organizaciones, y preguntarnos qué ocurre cuando la capacidad de liderear se confunde con la obligación de ser indispensables.
La pregunta concierne tanto a la mujer como a la empresa: ¿qué clase de resultados se construyen cuando el sistema depende del sacrificio silencioso de una persona?
El costo de sostenerlo todo
Muchas mujeres aprendieron que ser buenas implica estar disponibles, anticiparse a lo que otros necesitan y evitar conflictos. Un aprendizaje adquirido en el seno familiar y que se refleja casi en automático en el aspecto laboral.
La líder recuerda compromisos ajenos, resuelve lo que nadie asumió, contiene tensiones del equipo y renuncia a su tiempo personal para que todo funcione.
La organización queda tranquila al saber que alguien esta ahí para sostenerla. Pero cuando esas contribuciones dependen siempre de la misma mujer, también se vuelve vulnerable.
La líder sigue de pie, pues es lo correcto. Pero el costo está oculto en el cansancio, en la salud descuidada, en los proyectos personales aplazados y en el estrés constante para no perder la aprobación de otros. Ser reconocida por su trabajo es legítimo. El problema aparece cuando el reconocimiento se convierte en la medida de su valor.

Si esto te resuena mi querida lectora, tal vez puedas aprovechar esta semana para reflexionar desde dónde estás actuando. Pregúntate si eliges contribuir porque le encuentras sentido a tu trabajo o si estás respondiendo a un mandato aprendido que dicta que el liderazgo es asumirlo todo tu sola.
Ser indispensable puede ofrecer reconocimiento y pertenencia, eso sin duda, pero el riesgo aparece cuando comienzas a pensar que si no te necesitan, quizá es porque no eres lo suficientemente importante.
Sacrificar tu vida por un reconocimiento laboral es algo que lejos de mejorar tu liderazgo, lo condiciona.
Hacer consciente ese condicionamiento no significa que abandones el puesto o que le bajes al compromiso. Significa distinguir y limitar responsabilidades, no sin antes, revisar tu propio Autoconcepto para que trasciendas aquello que no está coherente contigo.
Trascender el significado de indispensable
El cambio puede comenzar con una pausa honesta. Observa qué significa para ti ser líder, revisa qué tareas sostienes, cuáles corresponden a tu función y cuáles asumiste para evitar el conflicto o ganar aprobación. Identifica, al mismo tiempo, qué aspectos de tu proyecto de vida has postergado: salud, formación, vínculos, maternidad o simplemente el tiempo para ti.
Después, elige un compromiso concreto contigo y llévalo a la práctica. Pregúntate antes de aceptar una nueva tarea: “¿Esto expresa mi propósito y mi responsabilidad, o mi miedo a dejar de ser necesaria?”.
Todo cobra fuerza cuando se trasciende ese sacrificio por un sentido de realización.
Por lo tanto, cuestiónate también: ¿Qué tanto de lo que haces realmente tiene sentido?
Porque sólo lo que tiene sentido cobra valor y se disfruta, cuando hay sacrificio, ya sabes lo que sucede, hasta el alma pesa.
Una mujer consciente de sí y del impacto de su liderazgo puede encontrar sentido en su trabajo, aceptar el reconocimiento con gratitud y, a la vez, conservar la libertad de poner límites y atender a su propia vida.
Por ende, trabajar en el liderazgo personal, en lo que realmente importa, hará que todo lo que hagas te lleve a una realización plena.
Y probablemente la pregunta fundamental no sea si la organización puede funcionar sin ti, sino si la forma en que hoy funciona te permite realizarte en todos los sentidos y te permite vivir en coherencia contigo misma.

Cuando una líder deja de necesitar el ser indispensable para sentirse valiosa, puede dedicar su capacidad a desarrollar personas y procesos que perduren. Entonces su liderazgo ya no se mide por cuánto sacrifica, sino por lo que construye mientras también se realiza.
Un sueño dorado que es posible de lograr al alinear correctamente el sentido del “para qué haces lo que haces” y al esclarecer un punto fundamental: la empresa es la empresa y tú eres tú. Dos entes que se realizan por separado pero que se complementan en su conjunto.
La conciencia personal comienza cuando la mujer reconoce desde dónde contribuye y la conciencia organizacional inicia cuando la empresa asume la responsabilidad de distribuir y valorar aquello que hace posible su funcionamiento.
No será sencillo, pero puedes empezar por este artículo para simplemente darte cuenta de lo esencial que es cambiar tu percepción para mejorar la calidad de tu vida laboral.
Deseo que encuentres el punto de inflexión que te haga sentir merecedora del reconocimiento sin depender de él, y que lo único indispensable, que tanto tú como tu empresa tengan, sea el anhelo de vivir en coherencia con su misión de ser.
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