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Todos transitamos por la vida de la mejor manera que podemos.


Hay momentos en los que sentimos que todo avanza: disfrutamos lo que hacemos, alcanzamos metas, construimos relaciones, aprendemos y encontramos motivos para sentirnos satisfechos.

Y también hay etapas diferentes. Momentos de incertidumbre, dificultades, pérdidas, errores o decisiones que quizá hoy tomaríamos de otra manera. La vida nos lleva por circunstancias muy distintas y, en ese recorrido, vamos aprendiendo.

Además, no vivimos aislados.

Constantemente observamos a otras personas y, casi sin darnos cuenta, nos comparamos. Miramos cómo viven, qué decisiones toman, cómo se relacionan, qué han conseguido o cómo enfrentan sus dificultades. A veces esas comparaciones nos inspiran; otras veces nos generan preguntas sobre nuestra propia vida.

Hay personas que llaman especialmente nuestra atención porque vemos en ellas características, valores o actitudes que admiramos. Personas que, de alguna manera, se convierten en referentes y nos inspiran a desarrollar algo parecido en nosotros.

También encontramos personas con las que tenemos poca afinidad. Quizá su manera de vivir, de relacionarse o de enfrentar las circunstancias nos resulta difícil de comprender. Cuando son personas cercanas, incluso podemos preguntarnos qué las llevó hasta ahí y si en algún momento encontrarán una manera diferente de vivir.

Y es que, al final, todos estamos en movimiento.

Desde que nacemos hasta que morimos atravesamos diferentes circunstancias. Cambiamos, aprendemos, retrocedemos, avanzamos, nos detenemos y volvemos a comenzar.

La pregunta, entonces, no es solamente qué nos sucede, sino también:

¿Cómo estamos fluyendo por nuestra propia vida?

Para explorar esta pregunta quiero utilizar una analogía sencilla: el agua.

El agua puede estar prácticamente quieta o moverse de muchas maneras y con diferentes intensidades. Puede salir como un pequeño chisguete, convertirse en un chorrito, aumentar su fuerza hasta formar un chorro, alcanzar la potencia de una salida de manguera de bomberos o surgir con la fuerza irregular de un borbotón.

Estas cinco formas son solamente una metáfora.

No pretenden ser una clasificación científica ni definir a las personas. El ser humano es demasiado complejo para caber completamente en una categoría. Son, simplemente, algunas referencias que pueden ayudarnos a observar ciertos patrones de nuestra manera de vivir.

Y hay algo más importante: no necesariamente permanecemos en el mismo flujo durante toda nuestra vida.

Podemos pasar de uno a otro. Incluso podemos estar en un flujo en un área de nuestra vida y en otro diferente en otra área.

Lo que interesa observar es la tendencia: qué ocurre con mayor frecuencia y durante cuánto tiempo. Así tenemos:

Borbotón (manantial en expansión)

Imaginemos primero un borbotón: agua que aparece con fuerza, movimiento y energía.

En esta analogía, sería una persona que suele experimentar un amplio nivel de satisfacción con su vida y consigo misma. Hay una aceptación importante de quién es, incluso reconociendo aquellos aspectos que todavía quisiera cambiar.

Suele cuidar su salud y procura mantener un equilibrio entre sus diferentes dimensiones de vida. Encuentra actividades que disfruta y que le permiten desarrollar sus capacidades. Cuando algo le apasiona, es común que ponga energía, dedicación y constancia en ello.

Sus relaciones suelen ser significativas. Cuenta con personas cercanas con quienes puede compartir, aprender y crecer, y también procura ofrecer lo mismo a quienes forman parte de su vida.

Emocionalmente, suele experimentar entusiasmo, alegría y una sensación de plenitud, aunque eso no significa que esté siempre bien o que no atraviese momentos difíciles.

Su característica quizá más visible es la manera en que aprovecha sus recursos personales. Cuando encuentra dificultades, suele buscar la manera de responder, aprender y continuar.

Por eso, muchas veces, estas personas terminan convirtiéndose en referentes para quienes las rodean. No necesariamente porque sean perfectas, sino porque su manera de vivir puede resultar inspiradora.

Chorro de bombero (fuerza y dirección)

Ahora pensemos en un chorro de gran potencia.

Aquí podemos imaginar a una persona que generalmente se siente satisfecha consigo misma y con su vida. Se acepta bastante bien, aunque reconoce algunos aspectos que quisiera modificar.

Cuida su salud y suele prestar atención a ella. Encuentra satisfacción en lo que hace y generalmente desarrolla bien sus capacidades.

En ocasiones, sin embargo, la propia ambición puede ocupar mucho espacio. Alcanzar la siguiente meta, conseguir algo más o superar el resultado anterior puede hacer que le cueste detenerse a disfrutar lo que ya ha conseguido.

Sus relaciones suelen ser saludables y cuenta con una red social que le permite compartir diferentes experiencias.

Emocionalmente suele experimentar entusiasmo y alegría, aunque, como cualquier persona, atraviesa momentos de preocupación, tristeza o incertidumbre.

Tiene una buena capacidad para desenvolverse en diferentes ámbitos de su vida y suele tomar decisiones que le permiten avanzar.

Muchas personas pueden encontrar en este tipo de flujo un ejemplo de disciplina, capacidad y perseverancia.

Por ahora, aquí nos detenemos. Pero continuará en el siguiente episodio. No te pierdas como fluyen: el chorro, chorrito y chisquete. Y cómo podemos cerrar este aprendizaje. Hasta la próxima.

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